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Ven a dormir conmigo. No haremos el amor, él nos hará.
(Julio Cortázar)

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Imagen: El Amor de Psique. Antonio Canova

 

La magia ocurre en las conversaciones. En las más triviales a veces. Esas que compartes sin intención de hacer literatura, esas en las que solo estás y van desgranándose palabras entrelazadas que brotan y unas llevan a otras, y van danzando y te llevan paseando por lugares del otro que conversa contigo.

Ayer tuve la suerte de compartir una de estas conversaciones, mientras nos acariciaba el sol en la cara y el olor de la hierba del jardín, con una mujer a la que amo y admiro profundamente. Ella creo que no sabe que me estaba haciendo un regalo precioso.

Charlábamos de cualquier cosa y no sé muy bien en qué momento de la conversación  compartió conmigo esta maravilla: “¿Sabes Ana?  Él todavía, por la mañana, me dice a veces… Pero qué bonita eres”. Después de 50 años de matrimonio, él la mira, por la mañana (ella remarcaba esto con la voz casi quebrada de la emoción) y la ve bella, y le dice bonita, y ella me cuenta que no se puede explicar lo que hay entre ambos, porque es mucho más grande que cualquier frase en la que eso que sea que tienen quedaría enjaulado y ya no sería.. porque no se puede decir.

Yo me he preguntado muchas veces cuál sería el secreto de esta pareja hermosa para mantener siempre ese brillo en los ojos, ese respeto profundo que se muestran uno al otro en cada mirada, ese estar caminando uno al lado del otro, cada uno con sus cosas, ambos creciendo siempre. Desde fuera podía intuirse algo especial ahí, en ese espacio que comparten. Pero hasta ayer yo no le había sabido poner nombre. Seguramente porque cuando no creemos que algo exista, tampoco podemos verlo. Solo vemos… lo que creemos.

En todos los años que la conozco (y son muchísimos) siempre la he encontrado cuidada, perfectamente vestida, oliendo de maravilla. Una vez le pregunté cómo era posible que siempre estuviera así, perfecta, incluso cuando no esperaba visita.  Me respondió, refiriéndose a su marido, “aunque no me vea nadie más, él siempre me ve”.  Su respuesta me pareció bonita entonces, y sentí que escondía algo importante. Hoy, uniendo ambas conversaciones, empiezo a entender qué era eso que yo veía desde fuera, entre los dos, ese secreto que guardan y sostienen juntos durante los últimos 50 años.

Durante mucho tiempo he creído que eso del amor para toda la vida era un mito absurdo, una quimera que, al perseguirla, solo podía causar frustración por su imposibilidad. Pero ayer, en un segundo, esta mujer bella me regaló una creencia nueva  en la que poder habitar. Porque he visto que es posible. Ellos lo tienen.

Así es la magia, en una sola conversación… nos puede cambiar la vida entera.  

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