“Entre el estímulo y la respuesta hay un espacio. En este espacio se encuentra nuestro poder de elegir nuestra respuesta. En nuestra respuesta están nuestro crecimiento y nuestra libertad.”

Victor Frankl

Cada uno de nosotros es un mago con un gran poder para crear… o para destruir.

Cada ser humano hace magia con sus palabras. Con nuestro lenguaje creamos realidades, generamos el mundo en el que habitamos. Podemos hacer magia blanca, escogiendo crear, o hacer magia negra, escogiendo destruir.

Pero primero tenemos que ser conscientes de nuestro poder, del espacio que existe entre lo que pasa afuera (o lo que interpretamos que pasa afuera) y la respuesta que nosotros damos. Primero tenemos que saber que podemos escoger la respuesta, que tenemos la responsabilidad de hacerlo y luego, pudiendo escoger Destruir… deseemos, sin embargo, Crear.

Porque destruir parece fácil, es automático, no requiere planificación, ni inteligencia, ni esfuerzo… y sin embargo, ante esta facilidad del destruir, los seres humanos en muchas ocasiones elegimos crear. ¿Qué nos hace escoger esta opción que requiere esfuerzo, inteligencia, planificación, tiempo, paciencia…?

El domingo, con mis hijos de 3 y 5 años, conectada con la gratitud y el amor, les propuse crear. Entre los tres escribimos un poema que en sí no tiene mensaje, pero que para mí entraña todo el significado de la responsabilidad de la creación. Hablamos de una bruja, Miguel le puso el nombre de Ronalda, les pregunté cómo la vestíamos… y Juan dijo que llevaba una falda… y así, entre risas, cada uno le inventaba un mundo a Ronalda y yo les recogía las palabras y las hacía rimar:

La bruja Ronalda
que lleva una falda
vuela con su escoba
y parece boba

La bruja Ronalda
tiene buen tamaño
y todas las noches
se esconde en el baño

La bruja Ronalda
adora a los perros
les pone comida
con patata y berros

La Bruja Ronalda
no tiene sombrero
y si sale el sol
se pone un babero

La bruja Ronalda
vive en un castillo
y tiene un gatito
que se llama Pillo

A Pillo le gustan
todos los ratones
pero a sus amigos
él no se los come.

(Miguel y Juan. 20/10/2012)

La Bruja Ronalda no tiene, en sí misma, nada que contarnos, y tampoco demasiada calidad literaria. Pero el proceso de su creación a mí me permitió ver con claridad la belleza de lo que significa crear. Esa mañana de domingo,  con la Bruja Ronalda, mis hijos aprendieron que pueden crear mundos con el lenguaje, y que lo pueden hacer juntos. Y yo, entre risas, contribuí a crear en ellos esa creencia.

¿Por qué hay más probabilidades de que en el futuro, pudiendo escoger destruir, mis hijos elijan crear?… Porque fue divertido, porque fue reforzante para ellos, porque tuvo un resultado en el que emergía lo nuevo, porque se sintieron orgullosos de leer su poema después, y saber que ellos, solo con sus palabras, lo habían creado de la nada.

Y además porque esa mañana de domingo, en la que fueron magos que crearon, se convertirá para ellos en un recuerdo hermoso al que volver. La destrucción (en el sentido de destruir por destruir, o de “destructividad”) no nos deja  recuerdos hermosos a los que volver, sino que suele dejarnos sentimientos, emociones en las que no nos gusta estar mucho tiempo, a las que no nos gusta regresar… no recordaremos con gusto aquél momento en el que fuimos destructivos, pero nos encantará regresar en nuestra memoria a aquella mañana en la que fuimos creativos.

Con la creencia de que pueden crear, y con la emoción que acompañaba al acto creativo, probablemente mis hijos en ese instante en que se encuentren entre el estímulo y su respuesta… tengan más probabilidades de elegir crear. Y serán más felices. Y yo les habré acompañado en este camino… y seré más feliz.

Pero en ocasiones también es necesario tener la valentía de destruir algo.

En el marco del hinduismo, Shivá es el dios destructor en la Tri-murti (“tres-formas”, la Trinidad hindú) junto a Brahmá (dios creador) y a Visnú (dios preservador). Ninguno de los tres puede existir sin el otro. Brahmá crea, Visnú conserva y Shivá destruye, en un círculo que permite la renovación, la regeneración, el crecimiento…

Es importante crear, es importante conservar lo útil y bello, y es importante tener la sabiduría y la valentía para destruir aquello que nos pesa, que nos hace mal, que ya no nos sirve, sobre lo que ya no podemos construir porque la construcción vendría teñida y determinada por lo antiguo.

Podemos crear el Kolam más bello cada mañana, y nuestra conciencia de lo efímero nos permitirá destruirlo a la noche para poder crear un nuevo Kolam, uno nuevo cada día que llevará a agradecer todo lo bueno que nos traiga ese día.. nuevo.

A veces me pregunto cuánto más limpio estaría nuestro mundo si fuéramos capaces de hacer desaparecer toda la basura que acumulamos por no saber cómo destruirla (nuestro planeta está rodeado de grandes cantidades de basura “espacial” girando eternamente en absurdo movimiento). A veces me pregunto cuánto más felices podríamos ser si tuviéramos la valentía de desprendernos, de destruir al fin y al cabo, todo aquello a lo que estamos aferrados por miedo, por costumbre, por rutina… Para crear, a veces, hace falta hacer sitio. Y para hacer sitio… a veces… hace falta destruir.

Y aquí me parece clave la distinción entre destrucción y destructividad. Ante la destructividad, mejor creatividad. Para la creatividad, a veces… solo a veces… destruir todo aquello que ya no nos sirve. Para crear… a veces… hace falta destruir el orden establecido, y desde el caos generar un nuevo orden, completamente diferente, completamente nuevo, que mire al futuro y no al pasado.

La propia naturaleza destruye para crear. El ciclo de la vida y la muerte, el ciclo de las estaciones… algo ha de marcharse para que algo nuevo llegue. Tal vez lo importante en nuestro caso sea aprender a distinguir qué es necesario destruir, para qué lo vamos a hacer, y desde qué emoción lo hacemos. Derribar algo desde el odio o el rencor nos hará permanecer ahí mucho más tiempo del necesario y generar dolor. Derribar algo que nos hace mal, desde el amor, nos permitirá desprendernos, aprender y crear.

Recogiendo la metáfora que da nombre a este blog, y que atrapé al vuelo en una magistral clase del filósofo David López (www.davidlopez.info),  la persona creativa, desde el amor, es capaz de sembrar en el infinito porque sabe que lo que siembre será recogido por alguien más, que al fin y al cabo forma parte de ese todo del que todos formamos parte.

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